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Nanomateriales: no por ser más pequeños contaminan menos

Foto: Wikipedia



Los fulerenos son una familia de moléculas constituidas exclusivamente por átomos de carbono. Su composición química, por tanto, es análoga a la del diamante y el grafito, pero los primeros se diferencian claramente de estos en la disposición espacial de los átomos de carbono. Los fulerenos más conocidos son las buckyesferas y los nanotubos.

Los primeros fulerenos fueron descubiertos en 1985 y desde entonces se ha encontrado para ellos multitud de aplicaciones. Por ejemplo, se pueden fijar antibióticos en el fulereno para atacar ciertas bacterias. Tienen buenas propiedades de resistencia térmica y superconductividad, por lo que encuentran muchos usos en la nueva ciencia de la nanotecnología. E incluso se pueden fabricar con ellos pilas de combustible.

Pues bien, recientemente se ha descubierto que estos compuestos no son tan químicamente inertes como se pensaba. Ya en 2004, la investigadora Eva Oberdörster, de la Southern Methodist University (EEUU), demostró que un tipo de salmón sufría daños celulares en el tejido cerebral cuando nadaba en agua donde se habían disuelto buckyesferas. Y un año más tarde se descubrió que estas sustancias eran tóxicas para las bacterias del suelo.

Ahora se acaba de averiguar que las byckyesferas se acumulan en el tejido graso de los peces y otros animales y que lo hacen con más afinidad química que el pesticida prohibido DDT (aunque ello no necesariamente tiene que implicar mayores riesgos para la salud). La ha hecho un equipo de investigadores dirigido por Chad Jafvert, de la Purdue University (EEUU), quien ha declarado que lo que no se tiene claro es si las buckyesferas se descompondrán en el medio ambiente o podrán ser metabolizadas por los animales.

Delimitar estos riesgos es importante porque estos materiales se producen cada vez más en los laboratorios para ser usados en interesantes aplicaciones nanotecnológicas. Como de costumbre, todo avance que mejora la calidad de vida del ser humano suele implicar una alteración de los delicados equilibrios naturales que puede derivar en consecuencias negativas para muchos seres vivos (incluido el humano). Encontrar el modo de beneficiarse de estos avances sin perjudicar el medio ambiente es el quid de la cuestión. Por desgracia, la industria no suele caracterizarse por mostrar una preocupación especial por estos inconvenientes hasta que la legislación la obliga.

Para estudiar cómo interaccionan los nanomateriales y los seres vivos se ha creado la International Alliance for NanoEHS Harmonization. Más información al respecto, aquí.

Fuente: Reuters.