EcoArk, el nuevo centro de convenciones de Taipei (TaiwÁn) es un ejemplo de que nuestros desechos pueden ser reutilizados con cualquier finalidad. Se trata de un edificio de tres plantas, de 130 metros de anchura y 26 de altura, en cuya construcción se han empleado “ladrillos” de plástico moldeados a partir de 1,5 millones de botellas usadas. El conjunto, soportado por una estructura de acero, resistiría terremotos y tifones. Como ventaja adicional, el plástico permite que la luz natural penetre en el interior. Además, incluye una cascada de agua de lluvia que refrigera el ambiente.
Esta idea ya se había llevado a cano para construir iglús, casas ecológicas o incluso una isla tropical flotante.
1 comentarios:
Es admirable esta iniciativa, en vista de el potencial daño que nuestro desechos hacen al ambiente. También llama a reflexión en el sentido de que solamente potencias económicas lo estén llevando a cabo y los países subdesarrollados todavía lidiemos día a día con si seleccionamos nuestros desechos para reciclar o no. Cabe la pregunta, creo, de sí es una cosa de capacidad económica o de formación cultural. ¿Podríamos los tercermundistas llevar a cabo proyectos de esta embergadura?
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